Cuando tener altas capacidades no bastaba para explicarme

Hay una forma de soledad muy específica que algunas mujeres con AACC conocen bien, aunque rara vez logran nombrarla con precisión. No es la soledad de quien no encuentra personas inteligentes a su alrededor. Es algo más sutil y más paradójico: es la soledad de quien ha encontrado su comunidad, se ha sentado a la mesa, y ha descubierto que algo sigue sin encajar.

Estás en el lugar correcto, con las personas correctas… Y, sin embargo, sigues sintiendo ese ligero desfase, como cuando una nota está casi afinada pero no del todo. Como si hubiera un salto de frecuencia adicional que ninguna categoría existente logra contener todavía.

Durante años viví esta sensación sin tener las herramientas para describirla. Sabía que era diferente a la media. Lo había entendido, procesado, en parte aceptado. Pero seguía sintiéndome rara incluso entre mis iguales, inquieta incluso en los espacios que deberían haber sido mi hogar. Tenía demasiadas direcciones simultáneas. Demasiados intereses profundos y paralelos. Demasiada hambre de campos distintos como para poder detenerme en uno solo.

El momento en el que todo tuvo un nombre

Hace unos años, en un contexto ligado a las Altas Capacidades, una mujer francesa con la que llevaba conversando unos minutos se detuvo de repente. Me miró a los ojos con esa extraña intensidad que tienen las personas cuando reconocen algo familiar.

«Tú eres multipotencial», dijo.

Lo pronunció no como se pronuncia un diagnóstico, sino un reconocimiento.

Yo sonreí y asentí.

Dentro de mí, sin embargo, esa palabra todavía estaba vacía.

Al volver a casa, empecé a buscar. Y mientras leía, algo dentro de mí se calmó de la forma en que solo se calma cuando por fin reconoces tu propia forma en un espejo.

Era eso. Era exactamente eso.

Qué significa ser multipotencial

El término multipotencial, popularizado por la investigadora Emilie Wapnick, describe a las personas que tienen múltiples áreas de interés profundo y la capacidad de destacar en distintos campos a lo largo de la vida, sin que esto signifique dispersión o incapacidad para comprometerse. Al contrario: la persona multipotencial se sumerge, aprende con una velocidad y una profundidad sorprendentes, domina el tema, y luego siente la necesidad de moverse hacia un nuevo horizonte. No porque se canse superficialmente, sino porque ya ha extraído todo lo que había que extraer.

En la cultura dominante, esta característica a menudo se interpreta como indecisión, como falta de foco, como incapacidad para «elegir una cosa y llevarla a cabo». El mensaje implícito es que hay algo que corregir, una dirección que encontrar, una especialización que adoptar tarde o temprano.

Pero no funciona así. No para nosotras.

Multipotencialidad y AACC: un salto dentro del salto

En la comunidad de personas con AACC ya existe una comprensión más profunda de la neurodivergencia, de la complejidad emocional, del hiperfoco, de la intensidad. Y es un alivio enorme encontrarse en ese espacio.

Sin embargo, la multipotencialidad añade un nivel adicional que no siempre encuentra reconocimiento ni siquiera allí.

Porque no todas las personas con AACC son multipotenciales. Algunas tienen un interés dominante y profundísimo que las guía durante toda la vida. Otras, como yo, funcionamos de manera diferente: la mente no se detiene en un territorio, lo atraviesa, lo habita intensamente, y luego siente la llamada de lo que hay más allá de la frontera.

Esto puede generar una rareza adicional, la de sentirse al margen incluso de los espacios que ya están al margen. De ser, en cierta medida, una minoría dentro de una minoría.

No es arrogancia. No es incapacidad de pertenecer. Es simplemente un perfil que merece un nombre propio, una comprensión propia, y tal vez una comunidad propia que todavía está por construir.

Qué cambia cuando por fin te reconoces

Darle un nombre a lo que eres no lo resuelve todo. No elimina la inquietud, no calma el hambre, no llena mágicamente la distancia entre tu frecuencia y la de quienes te rodean.

Pero cambia algo esencial: dejas de interpretar esa distancia como un defecto tuyo.

Dejas de preguntarte por qué no logras detenerte, por qué necesitas tanto, por qué un solo campo nunca te basta.

Dejas de sentirte culpable por la vastedad.

Y empiezas, lentamente, a construir una vida que tenga en cuenta quién eres de verdad: alguien que necesita espacio para moverse, libertad para explorar, una profundidad que no se agota en una única dirección.

La multipotencialidad no es un problema que resolver. Es una forma de estar en el mundo que requiere estructuras diferentes, ritmos diferentes y, sobre todo, una narrativa diferente a la que se nos ofrece por defecto.

Antes de cerrar esta página…

Si mientras leías has sentido que algo te resonaba, si has pensado «yo también», si has vivido esa extraña soledad de no encontrar un hogar ni siquiera en los espacios pensados para ti, entonces probablemente haya una palabra que valga la pena explorar.

Multipotencial.

No como etiqueta. Como espejo.

¿Y tú?

¿Habías encontrado este término antes? ¿Te reconoces en esta descripción? Cuéntamelo en los comentarios.

Algunas de las conversaciones más importantes empiezan exactamente así: con alguien que dice «yo también» y rompe por fin el silencio.

Si algo de lo que has leído ha despertado una pregunta en ti, quizá aquí encuentres otra pieza del puzle…

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